Ayer 09 de octubre fui a ver un espectáculo de magia de Jorge Blass, ilusionista y mago español. En un momento del espectáculo lanzó una pregunta al público:
¿Qué es la magia?
Esta pregunta la respondieron a través de un video diferentes personajes famosos. Y a mi se me quedó dando vueltas en mi cabeza.
Porque, más allá de los trucos, de los juegos de luces, de aparecer o desaparecer cosas y de aquello que parece imposible de explicar o razonar: ¿cómo lo ha hecho?, empecé a pensar en todas esas cosas que suceden a nuestro alrededor y que, aunque no tienen nada de sobrenatural, a veces parecen auténticos actos de magia.
Y me dieron ganas de escribir sobre ello.
La magia de las pequeñas cosas
A veces pienso que nos acostumbramos tanto a la vida que dejamos de sorprendernos por ella.
Nos levantamos, trabajamos, hacemos recados, atendemos nuestras responsabilidades, resolvemos problemas y seguimos corriendo de un lugar a otro. Nos acostumbramos a que las cosas estén ahí, a que los días pasen, a que las personas que queremos formen parte de nuestra rutina.
Hasta que, por alguna razón, nos detenemos.
Y entonces descubrimos que también hay magia en lo cotidiano.
🌟 Magia es la cara de un niño/una niña cuando descubre algo por primera vez. Su asombro al observar una mariquita, tocar la tierra, contemplar el mar o descubrir que una pequeña semilla puede convertirse en una planta.
🌟 Magia es escuchar las preguntas infinitas de la infancia y recordar que el mundo todavía está lleno de cosas que no conocemos.
🌟 Magia es un abrazo que llega justo cuando lo necesitas, una llamada inesperada o un mensaje que te recuerda que alguien se acuerda de ti.
🌟 Magia es compartir una comida, una conversación sin mirar el reloj o una tarde en la que no sucede nada extraordinario y, sin embargo, te sientes exactamente donde quieres estar.
🌟 Magia es pedir ayuda y descubrir que no tienes que resolverlo todo a solas.
🌟 Magia es volver a intentarlo, aprender de lo vivido y permitirte cambiar de rumbo cuando algo ya no te hace bien.
🌟 Magia es poder mirar a tu alrededor y reconocer que, aunque no todo sea perfecto, hay cosas que merecen ser cuidadas, celebradas y agradecidas.
Quizá hemos aprendido a buscar la magia en lo extraordinario y nos hemos olvidado de que muchas de las cosas que más importan no hacen ruido, no brillan y no necesitan un escenario.
Simplemente suceden.
La magia de estar, de cuidar y de sentirnos parte de algo
Desde mi mirada como Educadora Social, creo que hay algo especialmente bonito en la capacidad que tenemos las personas para cuidarnos, acompañarnos y construir vínculos.
En un mundo que a menudo nos empuja a ir deprisa, a producir, a competir y a estar permanentemente conectados a una pantalla, quizá necesitemos recordar la importancia de estar presentes de verdad.
Mirarnos a los ojos. Escucharnos. Compartir tiempo. Jugar. Aprender juntas. Sentir que pertenecemos a un grupo, a una comunidad, a un lugar.
También necesitamos recuperar nuestra conexión con la naturaleza.
Hay algo profundamente especial en detenerse a observar cómo brota una semilla, sentir el olor de la tierra mojada, escuchar el sonido del viento entre los árboles o el canto de los pájaros o contemplar el mar o una puesta de sol sin necesidad de hacer nada más.
La naturaleza nos ofrece oportunidades para explorar, aprender, sorprendernos y conectar con nuestras emociones. Nos recuerda que formamos parte de algo más grande y que la vida necesita tiempo, cuidados y condiciones adecuadas para crecer.
Quizá por eso me gusta tanto trabajar desde la educación socioambiental: porque no se trata únicamente de aprender sobre el medio ambiente, sino también de aprender a relacionarnos con él, con las demás personas y con nosotros mismas.
Porque cuando cuidamos, también aprendemos a valorar. Cuando compartimos, construimos vínculos. Y cuando ofrecemos a la infancia la oportunidad de explorar el mundo con curiosidad, quizá estamos ayudando a conservar algo que no deberíamos perder nunca: la capacidad de asombrarnos.
Y, sobre todo, creo en la magia de los míos
Si tuviera que responder ahora a la pregunta que escuché ayer, seguramente hablaría de muchas cosas.
Pero también hablaría de mis abuelas: de la magia de abrazarlas, de disfrutar de su presencia, de escuchar sus historias y de saber que todavía puedo compartir momentos con ellas. De ese cariño que atraviesa el tiempo y que, de alguna manera, consigue que una se sienta en casa.
Hablaría de la magia de saber que las personas que quiero están bien, que tienen salud y que podemos seguir compartiendo la vida. De esa tranquilidad que tantas veces damos por sentada hasta que comprendemos lo valiosa que es.
Hablaría de la magia de poder seguir aprendiendo, de encontrar personas que te aportan, de reírte hasta que te duela la barriga, de sentirte acompañada y de tener motivos para levantarte cada mañana con ganas de hacer algo que tenga sentido.
Y hablaría también de la magia de salir adelante. No porque siempre podamos con todo, ni porque todo dependa de nuestra actitud, sino porque la vida, con sus dificultades y sus incertidumbres, también nos ofrece oportunidades para encontrar apoyos, descubrir nuevas posibilidades y volver a construir.
No siempre podemos elegir lo que nos sucede, pero sí podemos reconocer el valor de quienes nos acompañan y de esos pequeños momentos que hacen que el camino sea más llevadero.

Entonces, ¿qué es la magia?
Hoy creo que la magia no tiene una única respuesta.
Puede ser algo que nos deja sin palabras, que nos sorprende o que no conseguimos explicar. Pero también puede ser algo tan sencillo como llegar a casa y recibir un abrazo, ver a las personas que queremos sonreír o descubrir que, después de cuidar una planta durante semanas, por fin ha aparecido un pequeño brote.
Puede estar en los grandes gestos y en los pequeños detalles. En quienes cuidan y en quienes se dejan cuidar. En la infancia que descubre el mundo y en las personas mayores que nos enseñan a mirarlo desde otra perspectiva.
Y puede estar también en nuestra capacidad colectiva para construir una sociedad en la que las personas tengan más oportunidades, vivan con dignidad y encuentren apoyo cuando lo necesiten.
SÍ, creo en la magia.
Porque quizá la magia no consista en hacer aparecer lo imposible, sino en aprender a reconocer todo lo extraordinario que ya existe en nuestras vidas.
Y en no olvidar que algunas de las cosas más valiosas que tenemos no necesitan ningún truco para suceder.
¿Y tú? ¿En qué encuentras la magia?